Odio los cables a tierra; tienden a arrebatar toda la magia de los grandes días.
No sé en realidad que le dá a este cabro por ponerse a pensar en problemas a eso de las 4:30Am, esa hora en que está tan solo que ni yo mismo, desde mi estratégico punto en el centro izquierdo de la caja toráxica, puedo animarlo mínimamente.
Es que está solo y no lo asume. O lo asume y no hace nada para cambiarlo.
No sé que será peor; el problema o su conformidad enfermante.
Tiende a decir que sí, que es fuerte de mente y que todo el poder que necesita está ahí. Pero no es así; este pajarraco me ha ignorado tan seguido que ya no se da cuenta de las enmarañadas estrategias que le he tendido en su vida. Y vallan ustedes a saber cuantos frutos me han traido... algunos podridos, otros no tanto...
En pocas palabras, cree que tiene el control de todo... Pobre iluso.
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