martes, 21 de septiembre de 2010

A eso de las nueve de la noche las luces titilan y los sueños estallan. Mis ojos se pierden en un santiago finito cargado de bocinas y brisas frías. Se me olvidan los problemas, se vuelan, se pierden, y de pronto respirar es hasta más fácil. Pero ¿Que hay de la ausencia de tus brazos presionando mis costillas? A ratos me carcome el cuerpo; el pecho se vacía y caigo, caigo.
Lo peor es que no se acaba el espiral, no se acaba... 

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