Voy a poner música triste y sacarlo todo sin llorar porque eso no lo hago. No lloro.
Voy a tomar conciencia de todo, y asumir, como dijo un amigo, que al final debe haber un final. Que al final necesito tomarle el peso a los asuntos; si no lo hago, no hago nada.
Suelo estar mejor por estos días. Suelo sentirme mejor, reírme harto, pensar en otras cosas. He salido a caminar un par de veces por el parque forestal, por Bellas Artes, por Lastarria. Me he sentido vacío, sí, pero ya no es malo. Es como ser un caracol y no estar; existir dentro de una dimensión de uno y no en otra parte. Esa caparazón es mi mundo, ¿Saben?
Quiero más noches, que no se acaben. Me gustan las noches de lunes a viernes, sobre todo, porque puedo no dormir tranquilo. Puedo pensar en mi y algunas pocas cosas más. El sábado y domingo me pesa en el cuerpo, no sé por qué. Siento más ausencias, siento más no sé qué, pero siento mucho.
Les tengo pavor a los fines de semana, es la verdad. Y no sé que va a pasar en verano, me aterra el verano. Me carga el calor, y me carga de pronto que Cecilia y los demás se vayan, y no tener nada que hacer, y la soledad del verano... Un verano puede ser muy triste. Y eso me aterra.
La cosa es que no puedo seguir dependiendo del mundo, necesito encontrar ese tipo de algos que están dentro de uno o esas cosas. Ser fuerte a partir de mi, no del tiempo que pierdo, de la plata que gasto, de la gratísima gente que me ha acompañado.
La cosa importante es entender, de a poco, que lo mejor no es que vuelvas, es aprender a vivir sin ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario